Rithy Panh, la memoria viva del genocidio de Camboya

Rithy Panh 006La dictadura de Pol Pot en Camboya y sus trágicas consecuencias marcaron el devenir vital y profesional del director Rithy Panh (Phnom Penh, Camboya, 1964). El retratista por excelencia de la historia reciente de Camboya ha recibido el premio Luna de Valencia en la 31 edición del Festival Internacional de cine de Valencia Cinema Jove.

“Para mí, el concepto más importante es el de la fraternidad. No creo en la igualdad, porque no somos todos iguales, pero sí en la fraternidad, que no es lo mismo”. El afecto entre hermanos o entre quienes se tratan como tales ha acompañado al cineasta Rithy Panh desde niño. Con sólo 11 años consiguió huir del genocidio del régimen de los Jemeres Rojos, la brutal dictadura que en menos de 4 años exterminó a casi dos millones de camboyanos, entre ellos su familia.

Rithy Panh 010Exiliado junto a centenares de compatriotas en un campo de refugiados de Tailandia, Rithy Panh vivió en primera persona el drama del hambre, una situación que, explica, siempre ha aparecido plasmada en su filmografía: Si quieres eliminar la humanidad de una persona, te basta con someterla a la hambruna. Por eso la comida es tan importante en mis películas. El hambre lo cambia todo. Una cuchara, por ejemplo, no es nada más que una cuchara, pero si la comida se sirve en un mismo plato a muchas personas y tu cuchara es más grande que la de los demás, comerás más”.

Panh pudo salir de Tailandia y viajar a París donde tuvo la oportunidad de estudiar en el prestigioso Instituto des Hautes Études Cinématographiques (IDHEC). Se estrenó profesionalmente con ‘Site II’, un documental que le llevó de nuevo, en 1989, al campo de refugiados dónde aún quedaban expatriados que, como él, vivieron el drama de la huida de Camboya. Con su siguiente trabajo, ‘Cambodge, entre guerre et paix,’ inició una investigación sobre las secuelas que los Jemeres Rojos habían dejado en el pueblo camboyano, un argumento que se convertiría en temática clave de su filmografía.

Posteriormente, en 1994, debutó en la ficción con ‘La gente del arrozal’, pero no abandonó su obsesión y en 1996 retomó la memoria de su tierra natal con ‘Bohana, une tragédie cambodgienne’ y en 2003 rodó ‘S-21, La máquina de matar’, un documental convertido en museo del genocidio en el que el cineasta consiguió enfrentar a prisioneros con torturadores.

Rithy Panh 002En Cinema Jove se exhiben 10 cintas claves en su filmografía, desde las más antiguas a otras más recientes como ‘L’image manquante’ (2013), película nominada al Oscar en 2014 como mejor película extranjera. Además, hemos podido compartir con él  impresiones sobre su último proyecto, ‘Exilio’, en el que vuelve a abordar el genocidio de la dictadura de Pol Pot. Un trabajo en el que, explica, la luna tiene un protagonismo especial: la luna puede ser un objeto metafórico o poético, algo a dónde queremos ir o queremos observar, pero también, a diferencia del sol, la luna te indica qué tiempo ha transcurrido: sabes que un ciclo lunar es un mes; 12 lunas, un año. Lo mismo me pasa con las manos: me encanta retratar las manos en mis películas: ya sea la mano del verdugo o la de la víctima, del escritor o del campesino”.

1606DGS2388Panh también nos ha desvelado claves de su forma de trabajar, de su obsesión por ser fiel a la realidad para poder narrar con la mayor exactitud lo que no debe olvidarse: “cuando me documento para mis filmes soy muy obsesivo. Si descubro que un solo dato de la persona entrevistada presenta dudas con respecto a lo que se sabe que pasó en la realidad, vuelvo a comenzar de cero todo el proyecto. Así una y otra vez hasta que el relato es coherente”.

Pero no sólo de cine hemos hablado con el Rithy Panh. También hemos tenido ocasión de intercambiar con él opiniones sobre temas de actualidad como la situación en Francia, su país de acogida: “tengo una posición ambivalente con respecto a las últimas manifestaciones y huelgas en Francia. Cuando pregunto a los manifestantes que por qué protestan, no son capaces de decirme a qué se oponen cuando van a la huelga. Hay cierta parte del sindicalismo francés que no quiere mejorar la situación de los demás, sino mantener sus privilegios”.

De las redes sociales, confiesa que le interesan mucho, pero también que le inquietan: “cuando cuelgo un fotograma en Twitter, me retuitean o me favean de forma discreta. Si pusiera algo escabroso, estoy seguro de que sería mucho más popular. De alguna manera, estamos viviendo la sociedad del espectáculo de Baudrillard”.

 

Texto: Carmen Pastor con la colaboración de Rubén Romero, de la revista Cinemanía

Fotografías: Emma Ferrer y Daniel García-Sala

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