Valores Perdidos “De Bon Matin” por Jorge Castillejo
Hace unos días, disfrutamos del largo canadiense Le vendeur, que hablaba, entre otras cosas, de la importancia que tiene en la vida el oficio que uno desempeña. El trabajo no es sólo un sustento económico, sino que puede ser un pilar fundamental en la existencia, un estímulo necesario para seguir adelante.
Sin tener nada que ver con Le vendeur, la producción franco-belga De bon matin le otorga también relevancia al asunto del trabajo.
Un ejecutivo de banca llega un lunes, como es su costumbre,a las ocho de la mañana al trabajo, saca un revólver y mata a dos de sus superiores. Acto seguido se encierra en su oficina y, mientras espera la llegada de la policía, analiza las piezas de la vida y los sucesos que le han llevado a cometer este acto violento. El origen de la historia está en un hecho real que oyó en la radio su director, Jean-Marc Moutout, en 2004. Todo lo que sabía es que un tipo de cincuenta años, sin historia, que trabajaba en un banco en Suiza, había asesinado a dos directivos más jóvenes que él y se encerró después en su despacho para pegarse un tiro. Este hecho no se le iba de la cabeza, pero al estar inmerso en otros proyectos cinematográficos, aplazó la historia. Cuando estuvo finalmente decidido a llevarla a la pantalla, buscó información sin éxito. No se había escrito nada sobre el caso ni pudo encontrar a la familia. El hecho fue un punto de partida y el cineasta imaginó el resto. “Es la historia de un ejecutivo que se encuentra de repente con que todo lo que ha acumulado en su vida no sirve para nada. El trabajo en el que prosperó, que constituía la piedra angular de su felicidad, se vuelve contra él y se cae hecho pedazos. A partir del momento en que se le retira el reconocimiento social, se ve hostigado y humillado”, explica Jean-Marc Moutout, que considera que una cuestión que plantea el filme es: ¿Por qué un hombre pasa al crimen y al suicidio y otro no? ¿Qué es lo que hace que vacile? La conjunción de la crisis, los cambios en el equipo directivo del banco y el hecho de ser marginado o infravalorado en su trabajo son determinantes en la decisión del protagonista, que se enfrenta a una pérdida de los valores en que confiaba, tiene la impresión de haber desperdiciado su vida, y se hunde.

